“El cartón para quien lo recoge”

És sabut que la història, lluny de seguir un procés lineal, tendeix sovint a repetir-se amb variacions més o menys marcades d’uns mateixos fenòmens. Així, és fàcil trobar paral·lelismes entre el context econòmic i social de la ciutat de finals de la dècada dels 70 i el període de crisi econòmica iniciat al 2008. L’article presentat a continuació formava part del quart número del setmanari L’Estaca, publicat al maig del 1978. En ell, es recull l’experiència quotidiana de dos recol·lectors de cartró, en un context de creixement de l’atur, la pobresa i la precarietat, i de consolidació de processos migratoris, en que determinats grups de població es veuen empesos a l’economia informal per garantir-se la subsistència.

En aquest text es presentarà l’article de L’Estaca com un element que ajudi a la reflexió sobre la creació de la idea d’un «nosaltres» i d’uns «altres», el concepte de classe social i la necessitat d’estudiar la història com a element imprescindible per a comprendre la complexitat del present.

Comencem la sèrie #HemerotecaLH per tal de refrescar(-nos) la memòria històrica de la ciutat des de la mirada d’avui.

El cartón para quien lo recoge. Oficio y escaso beneficio de obreros en paro

Duermen en el coche, un 4-L averiado y viejo en un callejón que hay detrás de la iglesia de San Ramón. La comida va a días, con un poco de suerte pueden llegar a recoger unos doscientos kilos de cartón, cuatrocientas pesetas al día para los dos.

Son Manuel Jimeno González, de 47 años, y su compañero Alfonso, de unos treinta y ocho. Los dos están en el paro. Los dos, como tantos otros que recorren la ciudad por la noche siguiendo los montones de basura, viven exclusivamente de la recogida de cartones. Hombres viejos con carritos de niño cargados, familias enteras, noctámbulos del cartón, víctimas del paro, recogen, mientras la ciudad duerme, lo que los demás tiran.

Cuentan de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba que sólo se sustentaba de una hierbas que cogía.
– ¿Habrá otro -entre sí decía- más pobre que yo?
Y cuando el rostro volvió halló la respuesta viendo que otro sabio iba cogiendo las hierbas que él arrojó.

Esta poesía, tantas veces repetida en las sesiones de “formación” de las escuelas nacionales y las no nacionales, se vuelve ahora contra su propio sentido conformista. Cuando los que van detrás recogiendo, son cada vez más numerosos, ¿quién es el guapo que se atreve a recitarles las cancioncillas?

Fue Manuel Jimeno quien llamó a “L’Estaca”. Quería que publicásemos que el pasado martes, el día 25, le quitaron todos los cartones que con su compañero habían recogido el día anterior. Estaba muy dolido. “Tuvimos que dejar los cartones en una casa que hay en el parque de la Marquesa porque llovía a cántaros y no podíamos dejar que se mojasen. Le juro que los dejamos allí porque estaba abierto y no molestaban a nadie. Pero a la mañana siguiente, cuando fui a recogerlo, un guardia municipal me dijo que no los tocase mientras ellos no me daban permiso. Me dio muy mala espina, aquello. Volví a las dos horas con una carretilla que me habían dejado y los guardias ya no estaban. Sobre las cinco de la tarde volví y el vigilante del parque me dijo que se habían llevado todos los cartones con un camión del Ayuntamiento”.

No los reclamó, seguramente porque no se atrevió; pero quiso que todo el mundo se enterara. “Podrían haberme dicho que no los dejase más, pero no, se los llevaron sin más. Fíjese, sólo la gasolina que gastaron y el desplazamiento del camión ya valían más que los cartones, y a nosotros en cambio nos dejaba sin comida un día… No hay derecho -decía- que a un pobre le quiten la comida, precisamente las autoridades que deberían ayudarle”.

Comen de bocadillos
Su tono no era lastimero cuando decía que “vivimos muy malamente, esto del trabajo está ahora muy mal, nadie se lo puede imaginar si no se encuentra en la situación”. Por las mañanas recogen los cartones que van a tirar a las paradas exteriores del mercado de Collblanc. En total, del mercado vienen a sacar unas 15 o 20 pesetas cada uno con lo que compran en la plaza alguna cosa para comer, casi siempre de bocadillo, porque no les da para nada caliente.

Cada mediodía, llevan lo que recogen a una trapería que hay en la calle Rosich, al lado del parque. El dueño de la trapería explicó que a él le traían cartones y botellas de champán cada día unas diez personas que viven sólo de eso. “Hay dos o tres traperías más en este barrio, y la mía es una de las más pequeñas, así que figúrese cuántos debe haber en la misma situación que ese señor del que usted me habla. Nosotros pagamos el kilo de cartón a 2 pesetas y lo vendemos a tres. Sólo ganamos una peseta por kilo, y lo tenemos que almacenar y trasladar a un intermediario que luego lo vende a las papeleras. Yo no sé si ahí se gana más. Sólo sé que hace unos años se pagaba el kilo a 8 pesetas y que de pronto bajó a 1,5, pero el papel nuevo, el de los diarios, por ejemplo, no ha bajado, sino que ha subido”.

Por las tardes, Manuel Jimeno y su compañero van recorriendo las tiendas para que les den los cartones antes de cerrar y más tarde van de basuras. “Lo malo es que ahora hay mucha competencia. Tienes que correr mucho porque hay mucha gente detrás de lo mismo -explica- cuesta mucho recoger doscientos kilos de cartón”.

Manuel Jimeno vino a Barcelona en el año 48, en plena postguerra. En su tierra, Murcia, tenía una pequeña huerta que tuvo que abandonar porque no le daba para vivir. “Cuando salí de la mili decidí venirme a Barcelona a buscar trabajo. Me junté con un compañero que me consiguió un puesto de vendedor de joyas y ropa a plazos para un comercio de la calle San Federico, en Sants. En este trabajo estuve seis o siete años. Al final la venta a plazos no iba demasiado bien porque la gente justo tenía para lo imprescindible”.

Con lo que había ahorrado compró una camioneta de segunda mano y se dedicó a hacer transporte. Durante este tiempo, nos explica, iba y venía a Murcia donde tenía a su mujer y cuatro hijos. Aquí vivía con otra mujer “mi mujer de verdad” -dice- con la que tuvo una hija que ya está casada.

Pero las cosas no debían irles muy bien en casa porque hace aproximadamente un año y medio se volvió a Murcia, a casa de su madre, una anciana de 82 años que vive sola y de la jubilación. “Pensaba que unos amigos de mi padre podrían buscarme trabajo. Unos es brigada de investigación criminal y otro interventor de armas del gobierno civil. Pero no sólo no me encontraron trabajo, sino que a los seis meses de estar allí me atropelló un coche y tuve que estar tres meses más en el hospital”. No le quedaba más remedio que volver a Barcelona. Con el poco dinero que le quedaba y lo que le dieron al vender el reloj de oro, se compró el 4-L viejo que hoy le sirve de dormitorio.

Todo, menos robar”
Mientras estuve en Murcia se casó aquí mi hija. Ni ella ni su marido quieren que vaya por allí. Así que me junté con Alfonso para recoger cartones. Alfonso era transportista, pero le quitaron el permiso de conducir por una temporada a consecuencia de no sé qué follón. Le quitamos el asiento trasero al coche y allí nos instalamos”. En el coche, realmente, no cabe ni un alfiler. “Lo que más siento -comenta- es que se me estropee esta ropa tan buena”. Un traje oscuro y varios pantalones de tergal.

Pero Manuel Jimeno no había llamado a “L’Estaca” para explicar su situación. Quiere salir de ella, dedicarse a lo suyo, el transporte. En “La Vanguardia” ha visto anuncios para hacer de paquetero. Para ello sólo necesita que alguien le eche una mano. Que alguien le arregle el coche.


Manuel Jimeno no está, evidentemente, en las últimas. Al menos imaginación todavía le queda. Cuando llamó a “L’Estaca” para denunciar que le habían quitado los cartones se le ocurrió que podría conseguir algo más. Concretamente propone lo siguiente: “la avería del coche no creo que cueste más de tres o cuatro mil pesetas y yo no las tengo. Si algún mecánico me lo quisiese arreglar, yo le dejaría mi carnet de identidad y el permiso de conducir. Me sacaría una fotocopia para poder circular y con el coche podría hacer paquetería. Poco a poco se lo iría pagando hasta recuperar mi documentación. Si algún lector de su periódico me puede echar una mano, que me dejen el recado en el bar Oriental, de Collblanc, en el teléfono 249 11 04.

L’Estaca nº 4
Semana del 5 al 11 de mayo de 1978

Imatges extretes del Portal d’Imatges de l’Arxiu Municipal
Carlos Ruiz

Economista, veí de L'Hospitalet

Gerard Valiente @ Perifèrica L'Hospitalet
Gerard Valiente

Antropòleg i veí de L'Hospitalet

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